Coordinan sus extremidades de tal manera que retan a la física. La combinación de gestos y la dinámica para expresar comedia y tragedia a la vez en los corredores peatonales del centro de la ciudad, son la principal característica de los artistas callejeros de Medellín. Estos personajes que vemos a diario pidiendo unas monedas para sobrevivir, sueñan con profesionalizarse y viajar por el mundo para presentar sus técnicas teatrales.
En la plaza Botero, centro de Medellín, Miguel Ángel Arboleda, representa el espectáculo escénico de la pantomima. Este barranquillero de 30 años de edad, con su cara pintada de blanco, salpicada por puntos negros en los cachetes, un tricornio en su cabeza y vestimenta informal, calca la eficacia expresiva de la mímica al combinar gestos y movimientos para imitar a los transeúntes de esa zona turística de la ciudad.
A sus 15 años de edad se graduó del colegio, a los 16 estudió dos semestres en la escuela de actuación de Bellas Artes en Cali. Sus amigos le colaboraron para actuar en el Teatro Municipal de esta ciudad. "No seguí estudiando por falta de dinero", dice Miguel de manera sonriente. Desde entonces recorre las principales ciudades de Colombia expresando el arte de la pantomima, y así se la pasa buscando el sustento de su familia. Miguel es un espejo humano. Su improvisación paródica y burlesca hace que cada individuo, en muchos casos sonría o se disguste.
Cuando la aurora invade las montañas de nuestra ciudad, éste se prepara en su humilde hogar ubicado en el barrio Enciso para dirigirse al centro de la ciudad y hacer su show. Los transeúntes se disponen a ver su espectáculo, pero un día sufrió los rigores de la intolerancia.
Miguel vivió una pesadilla que ni Shakespeare pudo contar en su libro Romeo y Julieta.
Cuando estaba parado justo en la estatua "El caballo" de Fernando Botero, de repente a su lado izquierdo se acercó un joven alto con buso blanco y pantalones anchos al que decidió imitar de una manera burlesca. Éste se sintió agredido y achantado por las carcajadas del público. Así que su única reacción fue dar un giro, mirar fríamente a Miguel y sacar una navaja de sus bolsillos. la cuál penetró tres veces en su pecho dejándolo en el piso. Tiempo después, Miguel se recuperó de sus heridas y salió rápidamente del hospital General de Medellín donde le realizaron las curaciones. Él, actualmente no deja el arte A pesar de este fuerte golpe que le dio la vida, no impiden que él siga adelante con su show y pueda sobrevivir de manera digna junto a su familia.
Él no trabaja, se divierte. A futuro quiere viajar a los Estados Unidos y España, para llenar de color y alegría con sus interpretaciones artísticas las calles e individuos que allí transitan.
Autor
Sebastián Montoya Hurtado.
Comunicación Social.
Fundación Universitaria Luis Amigó.
Autor
Sebastián Montoya Hurtado.
Comunicación Social.
Fundación Universitaria Luis Amigó.


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